Autor de referencia en las fuentes: Adriaan Louw, PT, MAppSc y David S. Butler, BPhty, EdD (en Rehabilitación ortopédica clínica, de S. Brent Brotzman y Robert C. Manske).
El tratamiento de cuadros neuropsiquiátricos y dolorosos crónicos requiere abordar el eje cerebro-cuerpo. Desde la perspectiva neurofisiológica, el estrés prolongado y los estados depresivos alteran la regulación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHA), desencadenando la liberación sostenida de hormonas de estrés como la adrenalina y el cortisol. Esta alteración química favorece la fatiga muscular, la sensibilización del sistema nervioso central y la perpetuación de síntomas físicos y emocionales.
La práctica de ejercicio físico aeróbico actúa como un modulador biológico directo: estimula la oxigenación de los tejidos, promueve la regulación de los neurotransmisores, disminuye los niveles de cortisol y reactiva mecanismos de neuroplasticidad. Al combinar el ejercicio con el esquema farmacológico y médico, se potencia la respuesta terapéutica y se facilita la adherencia al tratamiento.
“El tratamiento farmacológico ajusta la química cerebral a nivel de neurotransmisores, pero el ejercicio físico regular actúa como un catalizador biológico: mejora la perfusión vascular, optimiza la sensibilidad de los receptores y ayuda a regular los picos de cortisol. Esta sinergia entre el fármaco y la actividad física es clave para lograr una remisión de síntomas más rápida y sostenible en el tiempo.”
— Felipe Reyes, Químico Farmacéutico.
Superar o manejar la depresión requiere un compromiso sostenido y responsable con el tratamiento médico farmacológico, el cual no debe interrumpirse ni modificarse sin supervisión profesional. Para potenciar estos avances, es fundamental solicitar a tu médico la prescripción de un programa de ejercicios kinesiológicos personalizados, garantizando una pauta adaptada a tus necesidades que promueva tu bienestar integral de forma segura.


